miércoles, 23 de enero de 2013

México ingresa a la campaña continental contra la educación, donde los alumnos son clientes y los profesores “facilitadores”


La reforma educativa que en estos momentos discuten los congresos estatales en México, lejos de aumentar la calidad en la enseñanza, lo que hace es “introducir las leyes del mercado a la educación pública”, sostiene el profesor Enrique Ávila.

Para el profesor normalista y luchador social, las leyes de la oferta y la demanda se disfrazan, en esta reforma, de términos pedagógicos. Quienes la promueven “confunden educación, que es un proceso formativo en términos sociales, políticos, artísticos y pedagógicos, con la simple instrucción, el aprender a hacer algo”, señala.

La reforma a los artículos 3 y 73 de la Constitución fue aprobada por el Congreso de la Unión el 21 de diciembre de 2012, y forma parte de las propuesta que contiene el “Pacto por México”, firmado por los tres principales partidos políticos y el gobierno federal para realizar una serie de reformas estructurales. Ahora, los Congresos de los 32 estados deben discutirla para su aprobación al ser una reforma constitucional.

Para el profesor Ávila, la finalidad de quienes promueven esta reforma es conseguir ganancias en el sector educativo. “A los alumnos se les llama clientes y los profesores dejan de ser maestros para convertirse en ‘facilitadores’, y deben entregar resultados en términos de producción”, indica el docente y activista, y denuncia que detrás de esta iniciativa están empresas poderosas como Televisa, a través de Mexicanos Primero, que se promueve como una iniciativa ciudadana independiente y cuyo presidente es Claudio X. González, ex funcionario de la televisora.

“Los empresarios quieren el control de la educación y ahora dictan sus características”, establece. “Para la empresa Sabritas, que también está metida, 20 millones de alumnos son potenciales consumidores de sus frituras y comida chatarra”.

Los tres aspectos de la privatización

Para Ávila, autor de diferentes libros para docentes sobre historia de México, el primer peligro de esta reforma es la confusión que tiene entre educación e instrucción, “donde se atreven a decir que una prueba de opción múltiple es una evaluación”.

El segundo peligro está en que se abren los planteles a la iniciativa privada. Las sociedades de padres de familia tienen el control sobre la comida –particularmente en las escuelas de horario ampliado, que deben proporcionar el servicio a los alumnos-, y otorgarían la concesión a restaurantes. “Los alumnos tienen que pagar 20 pesos”, las porciones no son suficientes, y acaban “pagando por estudiar”, denuncia el profesor normalista.

El tercer aspecto es el pedagógico. “Se busca que el alumno tenga ‘habilidades y destrezas’, y se deja de lado el razonamiento, la argumentación y la capacidad de que el alumno inquiera de forma diferente al maestro”, señala Ávila. Indica que este modelo de competencias, “que lleva la lógica de la fábrica a la escuela”, ya fue abandonado por España, pues la sumió en un desastre educativo. Además, la reforma implementa las pruebas estandarizadas, que no toman en cuenta la realidad sociopedagógica “que es diferente en cada región del país”, recalca Enrique Ávila. “Nos es lo mismo Polanco que la Mixteca”, indica.

La evaluación

Uno de los aspectos más destacados por los promotores de la reforma es la evaluación de la educación. Para Ávila, la evaluación debe ser un proceso permanente, diseñado científicamente e implementado por los maestros, “que son quienes están frente al grupo, y no los burócratas que en su inmensa mayoría no saben lo que es trabajar con 50 adolescentes en la miseria y llenos de inquietudes sexuales, políticas y de todo tipo”, señala.

La pruebas de opción múltiple de la reforma, en las que hasta tres de las opciones pueden ser la respuesta acertada, inducen a la confusión de los alumnos y no valoran los conocimientos y capacidades para razonar, ni la habilidad para plantearse problemas, esquemas y procesos históricos y sociales. Además, calificar todos los días si los alumnos llevan los zapatos boleados “cuando hay escuelas donde van descalzos o con huaraches. Es grotesco”, advierte Ávila.

Esta reforma no es exclusiva de México, sino un proceso que se realiza en toda América Latina. “En esta campaña continental contra la educación, destacan las organizaciones empresariales: Todos por la Educación (Brasil); Proyecto Educar 2050 (Argentina); Educación 2020 (Chile); Empresarios por la Educación (Colombia); Grupo Faro (Ecuador); Fundación Empresarial para el Desarrollo (El Salvador); Empresarios por la Educación (Guatemala); Fundación por la Educación Ernesto Maduro (Honduras); Unidos por la Educación (Panamá); Juntos por la Educación (Paraguay); Empresarios por la Educación (Perú); Acción por la Educación (República Dominicana) entre otros, y desde luego, la inefable mafia mexicana que se autonombra ‘Mexicanos Primero’”, concluye Enrique Ávila.

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